Creando sinergias ecológicas

Nos hemos sorprendido de la originalidad de la Asociación Juvenil Tambre, que ha encontrado un sistema tan original como creativo para potenciar entre los jóvenes pontevedreses la responsabilidad en el ámbito escolar y valores sociales como la solidaridad y la sensibilidad por la conservación del medio ambiente.

Esta agrupación lleva ya cinco años trabajando en el proyecto “Reforesta con tu estudio”, dentro del programa medioambiental Voz Natura que promueve la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre, y en colaboración con la Asociación Medioambiental Estela. Sus resultados no han podido ser más positivos a la hora de conjugar diversión, deporte, estudio y voluntariado al aire libre.

Recompensa 
Durante el curso académico los chicos van a estudiar al club Tambre, donde les animan y ayudan a obtener las mejores calificaciones. Allí trabajan duro en sus tareas escolares y para que vean que su esfuerzo tiene recompensa palpable, por cada hora de estudio ganan un árbol, que luego plantarán en una salida al monte.

«Hemos conseguido una fórmula estupenda para poder exigir a los chicos y que, al mismo tiempo, se lo pasen bien colaborando desinteresadamente en una actividad medioambiental y social», afirma Oriol Cervera.

En esa actividad ecológica los propios jóvenes cavan los agujeros, echan el abono y riegan. Y una vez terminado este duro trabajo, se divierten jugando al fútbol en un improvisado campo de juego. «Hemos conseguido una fórmula estupenda para poder exigir a los chicos y que, al mismo tiempo, se lo pasen bien colaborando desinteresadamente en una actividad medioambiental y social», afirma Oriol Cervera, responsable de la campaña de reforestación de este año. Esta fórmula también la implementan en otras actividades, con especial intensidad y eficacia en los campamentos de verano, donde los muchachos conviven con la naturaleza de manera directa.

Este año en “Reforesta con tu estudio” han participado quince alumnos de Primaria y de la ESO.

«Hemos plantado laureles, carballos, castaños y limoneros», explica Dani, uno de los voluntarios, que acaba de plantar el primer árbol de su vida. «La tierra estaba dura, pero lo conseguimos», añade. En total, reforestaron en el monte veinte ejemplares como fruto de su estudio, asesorados por Oriol Cervera.

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